Desde su casa matriz, y a través de muchas sucursales, la Facultad de Impunidades nos induce a desquerernos y a descreernos.
Sus profesores nos invitan a olvidar el pasado para que no seamos capaces de recordar el futuro. Y así, cada día nos enseñan la resignación. Cada día aprendemos a resignarnos para poder sobrevivir. Pero hace poco, en una pared de un barrio de la ciudad de Lima, un alumno rebelde escribió: “No queremos sobrevivir. Queremos vivir”. Él hablaba por muchos.
México, 18 de septiembre de 2007.- Cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación decidió ejercer su facultad de investigación en los casos Atenco y Oaxaca, se pensó que una pequeña ventanita a la Justicia, una pequeñísima oportunidad para la Justicia se abría. Tras una historia de masacres contra población civil pacífica e indefensa en todo el siglo XX, tras el 68 y el 71, tras la guerra sucia, tras el 88 y el 2006, tras Acteal y el Charco, tras el 94 y el desconocimiento de los Acuerdos de San Andrés. Tras todo ello, se dieron dos nuevas series de masacres, donde hubo una violación generalizada a las garantías individuales y a los derechos humanos: Atenco y Oaxaca. La Suprema Corte en respuesta a petición de las víctimas prometió Justicia. Prometió la implantación de la Justicia y el debido proceso, arrancar la injusticia y el indebido proceso.
En un país donde no hay justicia, la Suprema Corte prometió Justicia. En un país donde la ONU ha dicho que el 60% de los jueces son corruptos, un grupo de jueces prometió Justicia. En un país donde la justicia son las matemáticas de quien puede pagar jueces y abogados y las ecuaciones la estratagema o chanchullo legal con el que se gana o se pierde un grupo de jueces dijo que se iba a apegar a una vieja y olvidada Constitución Mexicana surgida de una revolución donde murió uno de cada diez, para hacer Justicia. Donde la injusticia se ha implantado, donde los grandes criminales andan libres y las cárceles rebosan de gente muerta de hambre que cometió pequeñas faltas o que no cometió ningún delito, sino que ocupa un lugar en la cárcel para beneficio de las estadísticas, se prometió Justicia. Donde la justicia mete a la cárcel a la gente que exige Justicia, como en Atenco, como en Oaxaca, como en Chiapas, como en San Luis Potosí, como en tantos etcéteras se prometió que una vez por un millón en contra habría Justicia.
A pesar de la violencia con que la Suprema Corte se sumó hace unos años al desconocimiento de los Acuerdos de San Andrés, que pusieron a las comunidades zapatistas de nuevo en el borde del abismo, se pensó que tal vez, solo tal vez, por primera vez, habría una oportunidad para la Justicia.
Estos días la Suprema Corte de Justicia de la Nación dió varios pasos atrás y modificó el mandato con el que creó comisiones investigadoras para Atenco y para Oaxaca . Aún cuando se manifiesta en un complicado lenguaje legal, el resumen que entiende la gente es que no, que siempre no, que no habrá Justicia, que tras este pequeño reparo se implanta de nuevo la impunidad y el indebido proceso, que no habrá penas ni recomendaciones, sino solo investigación, sin Justicia.
Así que siempre no llegó la Justicia, continúa la impunidad para los criminales de lesa humanidad de Atenco, de Oaxaca, del 68, del 71, de Acteal, del Charco, del Bosque, de Loxicha, del mercado de Ocosingo, de las mineras, de los desplazamientos forzosos, de las desapariciones, de las políticas económicas genocidas, del genocidio de 500 años, de las matanzas de estudiantes, de las matanzas de campesinos e indígenas, de los feminicidios, de las violaciones tumultuarias de mujeres, de la venta del país, de la implantación de la impunidad y de la implantación del olvido, de la amnesia y de la esquizofrenia al aplicar las políticas de derechos humanos.
"Para la injusticia solo hay un remedio y este no es el olvido, sino la justicia" (Mario Benedetti) .
Justicia.




EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL.



En memoria de Alexis, asesinado por el gobierno mexicano.
